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El amor de los papás que hoy perdura en tantos recuerdos

Las flores, bebidas y regalos con los colores que les agradaban se multiplicaron en las tumbas como homenaje.

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El amor de los papás que hoy perdura en tantos recuerdos
El amor de los papás que hoy perdura en tantos recuerdos

Envueltos en lazos y moños celestes y blancos, con motivo del Mundial de Fútbol pero también por el Día de la Bandera, los árboles del Cementerio del Rosario enmarcaron ayer la visita de las familias a los papás fallecidos. La necrópolis capitalina ubicada sobre la avenida 9 de Julio ya tiene 84 años y en la víspera el personal de la guardia estimó en un 20% a 40% más la afluencia de deudos respecto al año pasado.

Las expresiones de amor en el Día del Padre se multiplicaron pero las ventas de flores en los puestos no desbordaron. "Se vendió, pero no tanto. No hice quedar mucho y estuvo bien", fue la expresión de una de las floristas que desde los 5 años acompañó a su mamá en la labor y ahora la mantiene a sus 55 años. En unos $5.000 calculó el gasto promedio de los deudos y con un movimiento al que consideró menor que en el 2025.

A pocos metros del acceso Santiago Torres, auxiliar de paramédicos, acondicionaba el panteón donde descansa su padre Miguel. "Pertenecía a la Marina y una vez que se retiró fue a trabajar a la papelera de Palpalá. Después atendió un almacén y una agencia de tómbola en nuestra casa de avenida Almirante Brown casi Zegada", recordó su hijo. "Se daba con todos, igual que mi mamá Verito. Los extraño pero cuando estás con la salud no se extraña tanto, cualquier otro sufre más", reflexionó.

Por último aconsejó "aprovechen a los padres al máximo que enseñan de todo, lo bueno y lo malo" y dijo "ni ellos saben cuándo te vas a ir por eso hay que estar siempre listos".

Unos pasos detrás, la figura de Domingo Ángel Coronel del barrio Malvinas se hacía presente en los recuerdos de su esposa Lucrecia Cabrera, su hija Sonia y su nieta Agustina. Falleció hace 2 años, era albañil dedicado a la construcción pero también a la carpintería. "Estaba enfermo de diabetes y entró en diálisis, lo amputaron pero seguía haciendo sillitas, cucharas y otras cosas de madera. La pasó mal la última etapa pero se mantuvo activo y fuerte hasta el último", relató Sonia. Y destacó los valores del trabajo, la fortaleza y la valentía que les inculcó a sus hijas.

Y más allá también preparaban las flores para la tumba de Pedro Navarro, tres de sus hijas: Bernardina, Lidia y Felisa. Falleció en el 2010 y el 29 de junio era su cumpleaños. "Nos educaron bien, era muy bueno, muy recto", comentó Lidia (81), la mayor de 6 hermanas -3 ya murieron- y un hermano.

Pedro fue policía pero no por eso dejó de emocionarse en casa. "Cuando mi hermano que quería ser militar se fue a estudiar mi papá lloraba", rememoró sobre quien recibió todo el respaldo de su esposa que vendía frutas en un carrito.

La fecha las reunió para desandar sus pasos y los de su tío Escolástico Domínguez, su hermana Petrona Navarro y su madre Juana Domínguez cuyos restos descansan en la misma parcela.

La confluencia de generaciones se palpó en torno a la sepultura de Julio Bargas. Su hija Judith, sus nietos Franco, Zoe y Nayla; y sus parejas Adolfo y Agustina repasaron que fue policía y también empleado municipal. "Era inquieto, activo, les contaba historias", lo describieron.

Don Bargas ("con b larga como aclararon sus descendientes") vivía en barrio Malvinas y tuvo seis hijas mujeres y dos varones.

En la víspera lo agasajaron con flores, vino tinto como a él le gustaba, cigarrillos y un molinete. Los colores, el azul y oro, porque era hincha de Boca.

Mientras el sol dominical comenzaba a ocultarse las familias emprendieron el regreso pero con el corazón renovado por la trascendencia del vínculo paternal intacto.

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